viernes, 24 de julio de 2026

Columna de Opinión

Capital alterna: el primer paso

Por: Carlos Enrique Paternina



El anuncio de Abelardo De la Espriella de convertir a Barranquilla en capital alterna de Colombia, con sedes de gobierno también en Medellín y Cali, es una noticia que el Caribe debe recibir con satisfacción. No es un gesto menor: es el cumplimiento, en sus primeros días de empalme, de una promesa de campaña que puso a las regiones en el centro del proyecto político que ganó las elecciones. Que un presidente electo anuncie su primer acto legislativo desde la región, y no desde el solio de Bolívar, es una señal que el Caribe llevaba décadas esperando. Merece reconocimiento, no escepticismo.

Ahora bien: precisamente porque la promesa es seria, hay que tomarla en serio hasta el final. Una sede alterna es la puerta de entrada simbólica y política a una discusión que Colombia arrastra sin resolver desde 1991: la de las competencias. La Constitución previó Regiones Administrativas y de Planificación con autonomía fiscal real; treinta y cinco años después, seguimos sin activarlas plenamente. El anuncio de Barranquilla abre, por primera vez en mucho tiempo, una ventana política real para retomar esa tarea pendiente, y desde el Caribe deberíamos empujar para que no se quede solo en la sede.

¿Qué significa avanzar en competencias, en términos concretos, y quién tiene que moverse?

El Gobierno Nacional tiene la oportunidad de acompañar la sede alterna con una agenda legislativa de fondo: mayor autonomía tributaria departamental, activación efectiva de las RAP y las Áreas Metropolitanas como entidades con capacidad real de decisión sobre infraestructura, movilidad y ordenamiento supramunicipal, y un criterio explícito de priorización hacia los departamentos con menor Índice de Desarrollo Competitivo —como Sucre, que hoy ocupa el puesto 24 de 33—, para que la descentralización no beneficie solo a quienes ya tienen el peso económico para ganarla por sí mismos.

Las gobernaciones tienen la tarea de llegar a este momento con capacidad instalada: catastros actualizados, equipos técnicos de planificación fortalecidos, y proyectos estratégicos ya formulados y listos para ejecutar en cuanto haya competencia y recurso disponible. La descentralización no espera a quien no tiene el proyecto en el estante.

Los municipios, por su parte, deben fortalecer su capacidad de gestión fiscal y de ordenamiento territorial para estar en condiciones de asumir mayores competencias cuando lleguen; no toda entidad territorial parte del mismo punto, y una descentralización bien diseñada distingue capacidades en lugar de homogenizarlas.

Por ello, celebramos este anuncio como lo que es: el cumplimiento de una promesa de campaña y una oportunidad histórica para el Caribe. Y precisamente por eso, nuestro rol técnico debe ser acompañar su desarrollo con propuestas concretas de competencias, para que la capital alterna no sea solo un símbolo, sino el inicio de una transformación real en cómo se gobierna de cara a los territorios.

La ciudad no borra su pasado: lo acumula. Ahora toca acumular, sobre esta base, la competencia real de decidir.

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