viernes, 10 de julio de 2026

Columna de Opinión

Criminalidad en Sincelejo y Sucre: Pronóstico reservado

Por: Deison Dimas



Desde que tengo memoria y visitaba la ciudad de Sincelejo, siempre tuve conocimiento de la existencia de zonas en las que había que tener cuidado; de hecho, esa sensación fue provocada por los comentarios y las historias que uno escuchaba sobre los sucesos delictivos que ocurrían en los sectores aledaños al barrio donde vivía mi abuela.

Esas visitas al barrio La Trinidad, ubicado en la zona sur de la ciudad, se convirtieron en mis primeros tabloides orales informativos y generaron mis primeras inquietudes sobre lo que era «lo malo» y sobre cómo algunas personas que se dedicaban al crimen, en ocasiones, eran idolatradas de forma irónica y heroica por su actuar (o eso creía yo).

Hoy pienso que algunos hechos que suceden en la sociedad no son tan fáciles de encajar en el plano ficcional del bien y el mal; parte de esto se debe al retrato que conservo de las historias y a ese componente de contexto social que hay que tener en cuenta al momento de analizar cada situación.

De esos relatos, algunos narrados con aires picarescos, recuerdo que mis tías hablaban del accionar delictivo de los «Chepitas», una familia con ciertas inclinaciones a cometer delitos y cuyo impacto se fue desvaneciendo con el tiempo. También, en una de esas tardes, hablaban de una señora que era intocable cerca del barrio; creo que le decían la Viuda y estaba vinculada con la venta de drogas. De esas visitas salían siempre las advertencias, por ejemplo, no acercarse al sector del Hueco, un lugar donde se vendían vicios (drogas ilícitas) y se transaban cosas hurtadas. En ese sinfín de historias, recuerdo que al barrio La Mano de Dios le decían «La Mano del Diablo», porque allá sí robaban y mataban gente, decían.

Con el paso del tiempo me fui interesando por las noticias de todo tipo: las anotaba en un cuaderno día tras día, en lo que era una obsesión más que un hobby. Más tarde en la universidad, luego de aprender el uso de una computadora y tener variadas inquietudes investigativas, recordé ese interés por las noticias judiciales y empecé a guardarlas impresas, en un disquete o en el mismo correo electrónico.

Fue así como luego nació mi «desocupe» de recopilar en una base de datos las noticias sobre sucesos judiciales de algunas ciudades del Caribe; una estructura que fui organizando en un Excel para que mis análisis y mis escritos tuvieran soportes cuantitativos y cualitativos, algo que apropié como premisa profesional: soportar lo que digo con argumentos por encima de las pasiones que generan los eventos cotidianos.

En paralelo a esas circunstancias particulares, la ciudad de Sincelejo y los municipios del departamento fueron creciendo exponencialmente de forma desordenada, a causa de los desplazamientos internos provocados por la violencia, así como por la falta de planeación territorial de sus líderes políticos, los cuales siempre han creído que gobernar un territorio es similar a manejar una finca.

Hoy veo a Sincelejo en un déjà vu situacional, producto de una inercia en todos los sentidos: invasiones y barrios sin ninguna planificación, una ciudad sin transporte urbano, una economía con aires de informalidad y una acrecentada presencia de grupos armados que se apoderaron de las calles, agrietando a las familias y controlando las sensaciones de miedo e inseguridad en la población.

Hoy reviso algunos hechos que han marcado a la ciudad de Sincelejo y Sucre en materia delictiva en los últimos 20 años y, sin entrar en mucho detalle, se observa el mismo patrón conmutativo de la violencia; ese donde no importa el orden cronológico de los hechos ni el nombre de los actores. Al final, el resultado es el mismo: personas asesinadas y otras varias involucradas en el accionar criminal en una espiral de control de violencia territorial que ha mantenido al departamento en un estado de pronóstico reservado.

Y es que el pronóstico de la inseguridad en Sincelejo y en el departamento no es reservado porque no se sepa lo que va a pasar ni a quién le va a pasar, sino porque es una situación a todas luces inestable, donde las cosas cambian de un momento a otro, a veces con días en paz y otras muchas veces con hechos que lamentar. Es un escenario donde en ocasiones las tendencias estadísticas favorecen los indicadores cuando bajan los hechos delictivos, pero en otros meses no sucede lo mismo; donde esa misma incertidumbre vuelve inestable la empatía, pues a veces la inseguridad se percibe como algo lejano, pero cuando se acerca al barrio o afecta a alguien cercano, te abruma.

La inseguridad sucreña vive en un estado de pronóstico reservado porque ante un mismo hecho de violencia las personas reaccionan de forma diferente. Algunos normalizan el hecho justificando la muerte («era un angelito», «un gestor de paz menos»), mientras que otros lamentan la partida de un amigo o de un familiar.

A propósito de estos hechos, a comienzos de este año la noticia que marcó tendencia fue la desaparición de cuatro jóvenes dedicados al oficio de cobradiarios. En ese hecho fueron asesinados tres de ellos y sus cuerpos aparecieron en distintos lugares del departamento. Eso quedó allí, lamentablemente, como una tendencia más.

Con el pasar de los días, hubo asesinatos particulares en distintas zonas del departamento. Hace pocos días ocurrió un atentado en un estadero en el barrio Uribe Uribe, al sur de la ciudad de Sincelejo, y si bien no hubo fallecidos sino cinco heridos, el hecho se volvió tendencia en redes sociales porque dentro de las víctimas había una joven que grabó unos videos en vivo justo antes del ataque. De hecho, en esos días también le habían hecho un atentado con arma de fuego a un cantante llamado Cristancho La Melodía, y días antes habían asesinado a un joven en el barrio Botero, perteneciente a la zona norte en la comuna seis.

La violencia se ha campeado por toda la ciudad y el departamento, y se ha facilitado su presencia porque siempre ha contado con un ejército de reserva de jóvenes y adultos que operan como el combustible que dinamiza el motor del conflicto: el narcotráfico.

Aterrizando el problema con información estadística, en este primer semestre de 2026 han sucedido 91 homicidios en el departamento, un caso más que en el mismo periodo del año anterior. En Sincelejo los homicidios fueron 29 (3 casos menos que en el mismo periodo de 2025). Los dos siguientes municipios con más homicidios en este periodo son Sampués y Corozal, ambos con 10 casos.

Esos 91 casos de homicidio en el departamento se distribuyeron en 87 hombres y cuatro mujeres en total. De esas cuatro mujeres, dos fueron asesinadas en Sincelejo, una en Colosó y otra en Toluviejo; este último fue el caso de la niña de seis años, Salomé Martínez, que murió en extrañas circunstancias aún en investigación.

Existe un patrón muy marcado en los homicidios en Sucre: la mayoría afecta a los jóvenes entre los 20 y 30 años, y la mayor parte de los casos sucede los fines de semana.

En Sincelejo, por ejemplo, los casos de homicidio sucedieron en la zona norte y la zona sur, áreas donde el homicidio se ha establecido como un monumento a la inoperancia y al abandono territorial.

Pero todo esto nos lleva a la misma conclusión: alguna vez fueron los Chepitas; luego llegaron los Urabeños y los Rastrojos; hoy se habla del Clan del Golfo y los Norteños. Más allá del remoquete delictivo que opera sin control y con una sinrespuesta institucional reducida al «ajuste de cuentas», se mantiene el estado de las cosas, el cual sigue siendo el mismo: un pronóstico reservado.

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