La venta del voto
Por: Alfonso Hamburger
"Cuando uno vende el voto le entra un dolor extraño por el vientre, como un vientecito, entonces, se sume uno en una profunda tristeza e impotencia."
Quien habla es mi vecino de San Jacinto, José Fontalvo Arroyo, más conocido como Ahuyama, ex conductor de plaza pública y tendero fisgón.
La conversación vino a raíz de las acusaciones de un candidato presidencial sobre la presunta compra de votos en el Caribe, donde las elecciones siempre han sido una fiesta y un mercado persa. A ello se suma el trasteo, el revivir de los difuntos, el carrusel y la suplantación de ciudadanos.
Lamentamos que la política sea una lotería, donde ganan los menos esperados y les va bien a quienes menos aportaron en el proceso de campaña.
Se refería mi vecino a que se gastó un jeep en la campaña política de un hermano al concejo municipal y cuando tuvo el poder los cargos fueron para dos mujeres que solo pusieron nada.
Desde entonces es apático a la política porque nunca se sabe para quien se trabaja, porque los beneficios los recibe otro.
Eso pasa con la burocracia, porque eso el político debe pensar por un bienestar común, el agua, los puentes, las escuelas, la luz.
En este caso, el concejal no nombró a nadie de su familia para evitar el nepotismo y allí actuó bien, pero su hermano no lo entendió,
Se necesita mucha civilización para entender el verdadero alcance de la política.
El día que el hombre conviva con la naturaleza habremos alcanzaste la máxima civilidad política.
Hoy mi vecino confiesa que alguna vez cambió su voto natural por represalia y sintió como si hubiera entregado parte de su vida porque vender el voto es como vender a su propia madre y sintió ese mismo no se qué, que le atormentaba el alma y que ahora no sabe explicar.
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