La metrópoli que ya existe, pero que nadie gobierna
Por: Carlos Enrique Paternina
Sincelejo, Corozal, Sampués, Toluviejo y Santiago de Tolú funcionan hace años como una sola economía urbana. Lo único que falta es que alguien lo administre como tal.
Todos los días, antes de que salga el sol del todo, cientos de personas suben a una buseta en Toluviejo o en Sampués con un mismo destino: Sincelejo. Van a clase, a una cita médica, a pagar algo en un banco que en su pueblo no existe. Nadie les preguntó si querían depender de la capital departamental para vivir su vida cotidiana. Simplemente ocurrió despacio, sin que ninguna autoridad lo decidiera, y sin que ninguna autoridad lo gestione todavía.
Esa es la primera verdad incómoda que deja un ejercicio de economía urbana sobre el corredor Sincelejo–Corozal–Morroa–Sampués–Toluviejo–Santiago de Tolú: la integración funcional ya sucedió. Los cinco municipios están, en promedio, a menos de 45 minutos de Sincelejo, el umbral que organismos como la OCDE usan para definir cuándo un conjunto de municipios deja de ser un archipiélago de pueblos y pasa a ser, en la práctica, una sola área urbana funcional. La pregunta ya no es si Sincelejo y su entorno inmediato forman una ciudad-región. La pregunta es por qué esa ciudad-región no tiene gobierno.
El primer número importa porque mide qué tan desequilibrado es el sistema. En un sistema urbano sano, la segunda ciudad de una región debería tener, aproximadamente, la mitad de la población de la primera. Aquí tiene menos de una cuarta parte. Eso no es un dato curioso: es la fotografía de un departamento con una sola capital funcional y ningún contrapeso, todo pasa por Sincelejo porque no hay a dónde más ir. Y cuando comparamos esa cifra con la del Área Metropolitana de Bucaramanga, formalizada desde 1981 con una primacía bastante menor a la nuestra, la conclusión se invierte: no es que Sincelejo necesite esperar a tener un vecino más grande para justificar una figura metropolitana. Es exactamente lo contrario. Entre más desequilibrado el sistema, más urgente la gobernanza que lo administre.
El segundo número, ese 78,9% de subordinación del corredor hacia Toluviejo, explica por qué esto no es un debate abstracto de urbanistas. Es la vida diaria de miles de familias que no tienen, en su propio municipio, la oferta de salud especializada ni la educación superior que sí tiene la capital. No es una opción: es la única ruta disponible. Y ahí aparece el tercer número, el más difícil de justificar: un trabajador o un estudiante que viaja todos los días desde Santiago de Tolú a consumir esos servicios en Sincelejo destina hoy cerca de una cuarta parte de un salario mínimo solo en pasajes, antes de comer, antes de cualquier otro gasto. No porque la distancia sea insalvable. Veinticinco kilómetros no deberían costar eso. Cuesta eso porque el sistema de transporte que conecta estos municipios es una colección de rutas privadas sin tarifa integrada, donde cada operador cobra por su tramo y el usuario paga varias veces por el mismo viaje.
Hay un cuarto dato que casi nunca se menciona en estos debates: lo que ya se está perdiendo. Toluviejo y Santiago de Tolú, al estar sobre el corredor costero hacia Montería y Cartagena, no son cautivos automáticos de Sincelejo. Un modelo de competencia entre centros urbanos muestra que Tolú ya le está “fugando” a Sincelejo cerca del 16% de su demanda de servicios hacia esas dos ciudades, el doble de lo que le fuga Corozal. Sincelejo todavía retiene la mayoría, pero esa ventaja no es eterna ni automática. Cada año sin un sistema de transporte integrado, sin una oferta de servicios competitiva, es un año en que parte de esa demanda (estudiantes, pacientes, compradores) decide que le sale más a cuenta ir a otra parte. Eso no fortalece a Sucre. Lo debilita frente a sus vecinos.
La buena noticia, si se le puede llamar así, es que el problema tiene una solución más barata de lo que parece. El ejercicio muestra algo contraintuitivo: crecer en población no resuelve la dependencia del corredor, la proporción de subordinación de Toluviejo o de Tolú frente a Sincelejo se mantendría casi idéntica en 2035 aunque todos los municipios sigan creciendo como hasta ahora. Lo que sí la resuelve es la conectividad. Con una tarifa única regional y sin doble pago, el costo de viajar a diario podría bajar entre un 33% y un 41% en las rutas más golpeadas, sin pavimentar un solo kilómetro nuevo. La integración metropolitana, en el fondo, no compite con la distancia. Compite con la fragmentación.
El Área Metropolitana de las Sabanas no es un capricho institucional ni una ocurrencia de coyuntura electoral. Es el nombre que le falta ponerle a algo que la gente de Corozal, Morroa, Sampués, Toluviejo y Santiago de Tolú ya vive todos los días sin que nadie lo administre. El actual gobierno departamental abrió una oportunidad concreta para avanzar en esa decisión, pero el diálogo con los alcaldes no logró consolidarse. La geografía ya hizo su parte: unió estos municipios en una sola economía funcional hace años. Lo que falta es una decisión política, y esa, a diferencia de la distancia, sí se puede tomar mañana mismo.
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